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viernes, 16 de diciembre de 2011

Crisis mórbida

Hay que apuntarse a un gimnasio. Esto no puede ser. Cuanto más leo sobre la crisis más complejos me salen. Ahora resulta que nuestros tipinos, tipazos o en casos como el mío, cuerpachos, están en franco peligro. Y ya sé que mal de muchos, consuelo de tontos, pero esta vez entramos todos los géneros en el juego, ya que a causa de esta crisis los hombres también sufrimos problemas de erección. 
Señores, señoras, cuídense de lo que se llevan a la boca porque según un estudio, en época de crisis económica engordamos, y de lo lindo. A ver, está claro que no sólo íbamos a traernos desde los Estados Unidos la balanza rota de las finanzas. De hacer la gracia, pues hacerla entera, y exportamos también por el mismo precio el mal endógeno de la obesa sociedad estadounidense.
La fórmula podríamos decir que es: menos dinero, más comida basura o precocinada, menos ideas culinarias, igual a chicho por aquí y chicho por allá, como si confundiésemos flotador con salvavidas. Y eso no es todo, en poco más de una semana habrá que comenzar a incluir en nuestra dieta la barra libre de chuches prometida por el próximo presidente de gobierno.
Pero, ¿engordan también los cargos públicos en época de recesión? Vaya si lo hacen. Echad un vistazo a vuestro alrededor y veréis como se han inflado los salarios de los mandamases, aunque si su pago llega a ser como en el Imperio Romano, seguramente hoy se lo pensaban dos veces a la hora de tener que cargar con más kilos de sal sobre sus hombros.
Pero lo que más engorda en época de crisis es la mentira firmada hace más de 30 años y celebrada hace apenas una semana, en la que se dice que los españoles somos iguales ante la ley; que el funcionamiento de los partidos políticos debe ser democrático; que se asegura la protección social y económica de la familia; que se promoverán las condiciones favorables para una distribución de la renta más equitativa (equitativa, no de igualdad, sino de “equitar”: tú debes dinero al banco, y por lo tanto te “equito” la casa). Pero hay más: que los españoles tenemos derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, aunque tal vez la palabra correcta sería “adecuadra”; que se velará por defender y restaurar el medio ambiente, aunque aquí se les olvidó incluir la coletilla, excepto en la zona de Gillón; también según la Carta Magna se atenderá a la modernización y desarrollo de todos los sectores económicos y, en particular, de la agricultura, de la ganadería, de la pesca y de la artesanía, dispensando un tratamiento especial a las zonas de montaña; por eso al estar enclavado en el fondo del valle, el matadero se va de Tebongo al centro de la región, donde el monte Naranco le dará sombra y protección.Y así podríamos seguir recorriendo la magna mentira que lo único bueno que nos ha dejado en estos tiempos de crisis es el día festivo. Pero cuidado, que cuando no se tiene nada que hacer confundimos hambre con ansiedad y eso va directo al michelín

viernes, 2 de diciembre de 2011

Un cuento de caballería


Hoy les vengo a contar un cuento de caballerías. Pero no se asusten que no les leeré El Quijote, El Amadis de Gaula ni El Cid campeador; mi cuento es infinitamente más reducido y además no nos lleva a una época tan remota. Lo que aquí voy a relatar nos lleva poco tiempo atrás; tres o cuatro años a lo sumo. 
Olvidado ya el tren en un tiempo que se pierde en la memoria de los lugareños del suroccidente y perdida toda esperanza de autopistas , ésta más cercana en la mente de los villanos de estas latitudes, desde la corte del reino asturiano se trató de compensar con un gran presente tanto olvido para la comarca suroccidental. El rey había decidido dotar a la recóndita zona de un novedoso medio de transporte que serviría para dar por cumplida la deuda histórica con los súbditos suroccidentales. Un medio de transporte que vendría tirado por el animal más apreciado en la corte asturiana: el caballo Asturcón.

En un abrir y cerrar de ojos este animal sería capaz de recorrer,  no sólo el reino astur de norte a sur y de este a oeste, sino llevar mercancías alrededor del mundo, como por arte de magia. Y lo que era aún más increíble, lo podía hacer con la carga de todos en un solo viaje.
Los súbditos comenzaron a soñar con los paseos, trotes y galopes que les esperaban a lomos del mágico asturcón. Fantaseaban con llevar hasta las Antípodas un cargamento repleto de productos de la tierra; comenzarían una nueva etapa de prosperidad gracias a la velocidad del aguerrido caballo asturiano.
Y llegó el día. El Asturcón había llegado al suroccidente a través de un fino hilo. Casa a casa se fue instalando en lugares como Cangas del Narcea. El Asturcón pronto se hizo amigo de otro equino: el e-mule, y los datos comenzaron a inundar los hogares cangueses.
Pero espera…el Asturcón había acelerado la vida de los súbditos de esta parte del reino. Una vida de bajadas que caminaba a 1 mega, lo hacía ahora a 100. Sin embargo la prosperidad prometida no se veía por ningún lado. Lo que tendría que haber sido un caballo de carga, no pasó de carrusel lúdico, y es que el asturcón mágico se había olvidado de hacer parada en Obanca y Tebongo.